Es difícil describir tu sonrisa, pero ¿sabes qué? me encanta el microsegundo en el que tus labios pasan de estar totalmente normales a empequeñecerse por el crecimiento de tu sonrisa, ese momento en el que tus dientes son los más perfectos y ese momento en el que tras unos segundos de sonrisa, se oye tu preciosa carcajada de fondo

viernes, 23 de marzo de 2012

hoy es noche de fiesta

  Alcohol, música, tabaco, tacones y vestidos, maquillaje y gente sobre todo gente, sobre todo gente; lo normal de cada fin de semana. En general, pasarlo bien, es más, genial. Pero hoy no, hoy no es noche de música, ni de alcohol, ni de tabaco, tampoco tengo ganas de crecer 12 centímetros con los tacones más bonitos o ir luciendo las piernas con el vestido más corto. Hoy me quedo en casa. Son casi las 9, estoy tirada en el sofá viendo como la gente desperdicia sus vidas en realitys de la tele, normalmente a esta hora estoy con un tacón dentro del autobús y el otro fuera, con los cascos puestos y, si hay suerte, con algún amigo, pero hoy no, hoy sólo me acompaña el helado de chocolate y mi amiga la televisión.
     Ya ha pasado una hora, y me arrepiento de haberme quedado en casa, lo admito, de momento mi noche ideal de princesa quinceañera está resultando un fracaso total porque no tengo nada que hacer, y eso que la clave era no hacer nada. De pronto, mi teléfono vibra en la mesita de madera que está a mi derecha, lo cojo con una mano mientras, con la otra lo desenchufo con aire vago a la vez que sostengo la cuchara con los dientes. Menos mal que no era una llamada, porque de lo contrario con la cuchara en la boca no podría haber hablado. No me lo puedo creer. Es él, me sudan las manos y me tiembla el pulso. Casi no puedo manejar el teléfono. Es un sms, lo leo, muy atenta:
-Donde stas? ven a vrme 1momnto stoi n la pueta
Mi nerviosismo disminuye según lo leo. Todavía no me creo que él quiera verme y que yo no esté peinándome e el baño de cualquier bar para estar perfecta cuando me vea. Ni siquiera respondo al mensaje. Inmediatamente después de que apoye el móvil boca abajo sobre mi barriga vibra de nuevo, me produece unas extrañas cosquillas, pero no me río. Es él, que me llama, pero la vibración solo dura unos segundos, es una perdida. Que típico, nunca quiere gastar, y como sabe que me muero por sus huesos y por oír su voz, pues cuelga porque obviamente gastaré yo esos 10 o 15 céntimos por él. Es el precio a pagar por un amor con el que siempre soñé. Tampoco le voy a llamar hoy, ya pondré alguna excusa.
     Volviendo a mi "super-noche" (ojalá fuese una supernoche) el helado empieza a derretirse, pero me da igual, siempre podré beberlo con una pajita a modo de batido. Apago la tele, estoy furiosa, quiero salir pero me da pereza, cierro los ojos, me pongo boca abajo y con la mano izquierda dejo el helado sobre la mesa dando un golpe, la cuchara se tambalea en su interior, cojo un cojín, me lo pongo sobre la cabeza y grito lo más alto posible. Sinceramente no se si grito para desahogarme o para quedarme afónica y que parezca que salí de fiesta.
     Me levanto, llevo tan solo una camisa blanca, algo transparente, sí, se podría decir que una imagen digna de fotografiar, y sí, muy sexy, aunque no se muy bien a quien pretendo provocar hoy, noche de no fiesta, noche de no gente. Lanzo la manta al suelo con rabia. Bostezo y me estiro. Miro el reloj, pero realmente no me importa la hora, tengo todo el tiempo del mundo. Voy a la cocina y abro la nevera, echo un vistazo y la cierro. Me agacho y abro el armarito de abajo, creo que si alguien estuviese detrás mío me habría visto las bragas, pero me da igual. Cojo una mandarina y la dejo encima de la encimera, cojo un cuchillo y la empiezo a pelar, me la como muy despacio, pretendo parecer sexy, doy pena, lo sé, pero de repente dejo la mandarina y me empiezo a reír de mi misma. Sonrío, es la sonrisa más sincera que tengo. Estoy orgullosa de mi sonrisa, de mis dientes, son perfectos, puedo decir que estoy orgullosa de mi y de a dónde he llegado con lo que soy. 
     De pronto, como una bombilla encima mío, se enciende una idea. Veo la barra de labios rosa fucsia que me compré hace tiempo, es precioso, pero nunca he tenido el valor suficiente para usarlo. Lo cojo y voy corriendo a mi habitación. Enciendo el flexo y todas las luces que tengo a modo de estudio fotográfico. Dejo el pintalabios sobre la mesa y vuelvo a la cocina, cojo una coca-cola de botella y la dejo en la habitación, voy al baño y cojo mi enorme estuche de maquillaje por el que pagué un dineral, pero mereció la pena. Vuelvo a la habitación y lo dejo, finalmente, cojo una botella de vodka y una taza de desayuno. Abro el armario y cojo una camiseta muy corta con la bandera de Inglaterra y la tiro sobre la cama, luego cojo los pantalones vaqueros más cortos que tengo y los lanzo también. Me quito la camisa y la guardo en el armario echa una bola. Me pongo la camiseta, se me ve el ombligo, me da igual es lo que pretendía. Me pongo los pantalones y me miro en el espejo, "perfecta" pensé, luego me doy media vuelta y me miro por atrás, se me ve medio culo, también me da igual, también lo pretendía. Cojo el maquillaje, estoy más "pintarrajeada" como diría mi madre, que nunca. No me quito el moño porque me gusta como me queda. Saco la cámara reflex de su funda y la programo para que haga 100 fotos en 2 o 3 minutos. Tengo una pared llena de recortes de revistas de modelos y pongo la cámara en una mesita justo enfrente de esa pared y me coloco justo delante con mis dos botellas, la cámara ha empezado a disparar. Ahora todo sucede muy rápido, taza, cocacola, vodka, todo junto. Me lo bebo de un trago, bueno más bien de 2 o 3, mi boca no es tan grande. Me corro el maquillaje, me siento aún más sexy y provocativa que antes, estoy sentada, de nuevo: taza, cocacola y vodka. Ahora un cigarro, siempre tengo una cajetilla encima de la mesita, lo admito, soy fumadora compulsiva. Lo enciendo. La cámara deja de disparar, resoplo y con el cigarrillo en la boca, me levanto y le doy de nuevo al botón de la cámara, me pongo en posición, doy una calada al cigarrillo y echo el humo hacia arriba, espero que haya quedado una foto perfecta. Estoy algo mareada, pero me da igual. Taza, cocacola, vodka y cigarrillo. Tiro la taza y bebo de la botella de vodka, no me gusta, sabe asqueroso y bebo de la de cocacola. Me pongo en pie y ya no se ni donde estoy, me tambaleo y me siento fatalm no importa, me lo estoy pasando genial, por no decir otra cosa, aunque ahora mismo me da igual lo que diga. Estoy llorando, miles de recuerdos han pasado por mi mente en un segundo y me han echo llorar, voy al baño y vomito, vuelvo a mi habitación ,e tiro sobre la cama y pienso, "esto es una supernoche". Cojo el móvil y le llamo:
+Si? -dice él.
-Soy yo.
+Ah, dime.
-Te amo.
Y colgué, de pronto me empecé a reír sola, di una última calada al cigarrillo y vuelvo a pensar "ha merecido la pena". Apago el cigarrillo contra la mesa, lo dejo ahí, y milagrosamente, mientras pensaba que de un momento a otro me estallaría la cabeza, me quedé dormida.

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